-Aun recuerdo mi encuentro decisivo con el-dijo mi tio Albert aun sobrio, sonriendo como lo hacia cuando yo era un infante y me contaba sus fantasiosas historias y cuentos de hadas, con finales felices y perfectos. Sin embargo esta historia parecia ya no tener un final feliz, al parecer ya comprendia mi madurez-. Vestia una largo saco tan oscuro como las callejuelas que recorria en la penumbra, portando un dorado reloj de mano que desviaba la vista de cualquiera y una chistera como de mago. Esbozo una sonrisa laxa. Sus dientes era placas de marmol blanco asomandose entre dos delagos y apretujados labios rosados. Hizo una pausa para tomar un su sorbo de su cerveza. Aun permanecia sovrio. Eso es una gran sorpresa.
-Bien... ¿donde quede? ¡Ah, si!-suspiro-. El tenia un paso metódico y lento, con la mirada en alto pero con un silencio pensativo y critico. Lo salude con mi mano, sacudiendola de un lado a otro suavemente. El solo seguia sonriendo de manera laxa. Solo sonreia. Le dije: "Buenas noches, Alfred". "Sigueme" fue lo unico que respondio. Poco conocia de el, pero profesaba el metodismo como una religión. Me dio la mano. Estaba enfundada en un guante de cuero. Mi palma se percato de ello. Se me adelanto y me indico que le siguiera. "No te detengas" volvieron a articular sus labios.
Tomo otro sorbo, este fue mas largo y dejo el vaso a tres cuartos de su capacidad. El liquido dorado apenas si alcabzaba tres dedos desde su base. Aun estaba sobrio.
Pauso. Respiro hondo y se tomo el ultimo sorbo de la cerveza. No pidio otra, yo ni habia tomado la mia. Las aberraciones que habia visto, adelanto en contarme, lo habian marcado realmente. En otro tiempo, el estuviera ya borracho, dislexico e inhibido, cantando afonicamente con otros borrachos mas. Pero hoy no.
-Caminamos unos minutos a oscuras hasta doblar en una esquina y encontrarnos con una angosta puerta de madera bajo un arco gotico y dos antorchas recien encendidas. Las paredes del pasaje estaban iluminados: aun eran ladrillos grises, pero olía a muerte y podredumbre ahi abajo. Alfred saco una llave de su saco. Era plateda, vieja y sencilla con un solo diente. La blandio como si fuera una espada y la incrusto en la cerradura, la giro tres veces y la puerta abrio por su cuenta, como si vida tuviera. El olor aumento dolorosamente. Los gritos de los fantasmas de los enterrados en las catacumbas se hacian uno con el viento y se confundian como un solo susurro. Un escalofrio me recorrio al pensar en eso.
-¿Estás bien, tio Albert?
Vi que una extraña sensacion le sobrevino y lo mareo con fuerza. Los recuerdos eran un motor muy fuerte en el hombre.
-Estoy bien, sobrino... solo que... No debo seguir contándotelo.
-Tio Albert, no hagas que mi viaje desde Oxford solo sea una perdida. Estoy aqui, debes contarme.
-Tu madre me matara-dijo distante.
-Tio,-le dijo con reproche- ya no soy un niñito que se asustaba de nada, ya no lo soy. Soy un hombre, esoty casado y tengo casa propia. Ya no soy un niño.
Sus intenciones ya no eran contarme, pero Paris era una ciudad atractiva y podia quedarme aqui todo mi vida esperando a que la cordura (o la locura) obraran a contarme la historia con el nismo detalle que siempre hacis en mi infancia. Podia esperar toda mi vida aqui, Paris es una ciudad muy atractiva.
Le mire de forma pesada e inquietante, obligándole a contarme. No me iría con esa historia a medias.
-Patrick...
-Tio, es el momento, tu me invitaste a venir, tue incitaste a viajar desde Oxford a París para contame esta historia. No vas a ser tu mismo el que me mande a casa sin saber la historia.
Silencio. Pidio una cerveza.
-Esta bien... Alfred avanzo, yo, sin mas remedio, le segui el paso. A mi derecha una pared de huesos fris y desecha, con olor a podredumbre asenchando a la visitantes con las cuencas vacias de sus calaveras, como si vigilar algo inexpugnable, algo insondable, algo importante e inperecedero. No podia evitar marearme por el hedor tan pesado e inhumano, tan asqueroso y repulsivo. Caminamos una hora, calcule yo; hasta llegar a una sala redonda bien iluminada, hecha de ladrillos grises y negros, con raras inscripciones doradas y rojas, similares a simbolos griegos, coptos y algunos fenicios. Tu sabes que en mi tour por el Egeo pude aprender griego antiguo, sin embargo los simbolos eran ininteligibles para ser de aquellos caracteres, parecian figuras mal hechas. En el centro habia un hoyo negro, la luz de las antorchas no llegaba hasta alla. Despedia un pesado hedor a acido sulfurico, como si fuera la boca de un volcan. "Este es el lugar que tanto querias conocer, Albert: la Casa del Fuego esta ante tus ojos" las palabras eran engradecidas, pero su tono era engreido y orgulloso como siempre, algo que generaba un contraste muy grande entre un humilde devoto a un vanidoso sacerdote. "Esta vacio" respondi ingenuo. El permanecio igual, pero en este punto me inquieto. Una sonrisa macabra se escabullo en su cara y dijo: "No estuvieras vivo para ver la Casa del Fuego en su maxima capacidad". No supe a que se referia, hasta que me voltee y...
Su mirada quedo perdida en el aire, en un punto muerto en el espacio. Su respiración se puso lenta, suave y casi como un suave resoplido. Era un trance, pero su cara se torno horrorizada, de repente hizo que lanzaba un quejido, como un grito, sin articular algun sonido, como si fuera mudo. Sus musculos se pusieron tensos, parecia que fuese a huir, como si alguna aberracion del abismo de lo desconocido hubiese aparecido tras de mi sin saberlo y le hubiese asustado casi a la muerte. Voltee a ver: una chispa de fuego bailaba sola en la ventana, sin algun combustible que lo alimente, como un fantasma perdido en la noche.
No lo crei, pense que solo era un reflejo de las lamparas electricas y vibrantes, pero su reflejo era una llamarada naranja, demasiado para ser de la amarillenta luz que expelian los bombillos en un suave titilar y zumbar. No podia serlo.
-Ahi estan-dijo con aquella cara de terror.
No podia refutarselo, pero dudaba aun de mis ojos, aun dudaba de aquella chispa danzarina que habia afuera en la noche, no podia aceptarlo, no podia aceptar la locura de mi tio, no podia aceptar su imaginería, no podia, no lo debia hacer. Ser su apoyo, su unico apoyo en la realidad, su unico consuelo era mi opcion, era lo correcto.
Trate de desviar su mirada, pero fue inane hacerlo.
El piano toco una balada rapida y varias mujeres salieron a bailar. Mi tio era un casanova empedernido y sabia que no perdia cualquier oportunidad para encantar a una dama y llevarla a su cama, hasta no poderle sacar mas energia de sus joviales almas. Pero aquella chispa, aquella estupida chispa lo mantenia encantado a el, no me dejaba ayudarlo.
Lo logre parar de su silla tirando incansablemente de su brazo hasta hacer bambolear la silla y distraerlo, fugazmente, del horror inentendible por aquella chispa. Fuimos hasta su casa: un humilde departamento sobre los Campos Elíseos y su silenciosas sendas. Los arboles se mecian con la brisa, suavemente, apenas batiendo sus copas. Sus horror habia pasado, abrio la puerta y me invito a pasar. Estaba lejos de mi hotel. Las cortinas se mecian con el viento por una puerta francesa abierta a un balcon y las calles de Paris. Vi las copas de los arboles batirse, las hojas volar en el aire como aves, sin embargo la oscuridad hacia difusa la imagen. Encendio la luz, mi tio. Su departamento estaba bien arreglado, todo en su lugar, como siempre estaba.
-Pasa adelante, siéntete como en casa-dijo mi tio.
Su mirada estaba perdida. Parecia perdida de vida, moribunda. No parecia mi tio, parecia otra persona, otro ser habitando bajo la piel de mi tio, aparentando ser el. Su alegria, su animo, su orgullo se habian perdido, habian desaparecido, y no lo podia reconocer.
Colgo las llaves en el llavero. Un eco lleno su departamento, solo el viento cortaba ese eco como unas tijeras desafiladas.
Me guio a su cuarto de huespedes. Lo arreglo lo mas que pudo y tendio la cama con languidez fria e indiferente. Pense en tomar aquella labor, me fastidiaba ver su indiferencia inane hacia mi, a mi cansancio. Al fin y al cabo, la cama estuvo tendida, lisa y tersa, con meticuloso reproche y perfeccionismo intransigente.
-Gracias-dije sin esperar respuesta.
Asintio con su cabeza. Salio y cerro la puerta con suavidad. Era de caoba oscura, vieja y agrietada terriblemente por el reverso. Un gancho esperaba mi saco ahi. Lo colge siguiendo sus órdenes. Me quite los zapatos, eran de punta aguda y relucian como el plomo; me encantaban, los usaba como mi anillo dorado de compromismo y saco de cuero pardo. Los guarde bajo la cama, jurando la inexistencia de algo que pueda dañar su apagado relucir, su adorado brillar.
Mis medias eran gruesas, sentia los pies sudados, pense en quitarnelos, pero no me nacia. Tome las sabanas y las desdoblé, lanzandolas sobre la helada cama, mientras batian el aire como alas inmensas de un ave en pleno vuelo; luego me meti despacio, con languidos movimientos y dormité.
No oi ruido alguno, ni pasos, ni algun indicio que pudiera indicarme la realidad de un traslado, solo una luz intensa me desperto: era como las llamas del corazon del mismo Tartaro. Abri mis ojos, enloquecido por aquellas luces y me encontre en una cabaña, fria, desolada, destartalada, con los leños podridos por la humedad del ambiente y sueltos por la falta de clavos. Me asome por una unica ventana frente a mi: estaba en medio de la nada, de un pastizal sin fin que se prolongaba hasta el lejano horizonte y se perdia de vista, cayendo por aquel borde; tan solo un arbol muerto y seco contrastaba aquel lugar con ramas grises. No habia escapatoria de aquel lugar y aquella ventana solo implicaba una cruel tortura.
Me sente en el suelo, ya no habia sueño ni modorra de la noche anterior con mi tio, pero me extrañaba mucho el hecho de estar en este paraje y no poder darle explicacion. Sin embargo vi una chispa, identica la chispa infernal que mi tio vio en el bar y lo aterro profusamente; bailando de igual forma, en el aire, sin combustible que le alimentara.
Entre en un trance y la chispa se hizo un aro y me rodeo: ardia como el mismo sol. La casa se empezo a incendiar cuando me di cuenta. Ahora el aro de fuego era una gran llamarada y estaba quemando toda la cabaña ¿Acaso me liberaba? Pero no fue asi. Su calor era infernal, sentia que me quemaba la piel y se derretia sobre mi carne como si fuera la cera de una vela. ¿Era mi fin? El trance acalló mi dolor, ahora era como un abrazo punzante y doloroso. Sentia mi cuerpo bambolearse, como si estuviera mareado, y mecerse en circulos sobre mi eje. Un llamarada se acerco mas a mi, rompiendo el aro dibujado por la chispa inicial, como si fuera un dedo; yo acerque el mio y... desperte.
Me levante de golpe en la cama sudado, cansado. Recorde el dolor que habia senti: la piel derritiendose como cera. Revise mi piel, pero no tenia marca alguna, solo aquella tela carnosa y blanca con sabor amargo que me recubria con normalidad. Trate de calmarme... pero mi mente sondaba una idea ¿Todo habia sido un sueño o aquella chispa que vi en el bar era la misma que vi en mis sueños?... mi mente siguio trabajando... ¡UN ROSTRO!... ¡un rostro se habia asomado con las llamas!... era un rostro reconocible... ¿El fuego era un ser vivo?
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